Remontandonos a nuestra infancia, para unos cuantos muy lejana, recordamos la magia de la Navidad. Viviamos y eramos felices en una fantasia, que desde nuestra inocente niñez, nos hacia sentir plenos. Desde nuestra ignorancia, el saber que un ser mágico, gordo y barbudo llegaba poco despues de terminar las clases era todo lo que necesitabamos, nos alcanzaba con esa información. Y cualquier regalo lo podiamos disfrutar con la alegria de un niño crédulo, y todo lo demas no importaba, no nos afectaba.
Pero llega ese momento en la vida de todo niño en el que recibe la trágica noticia: Papá Noel no existe. Por lo general esta noticia llega a través de un familiar o de un ser querido, entonces el niño en cuestión aprende que todo lo que vivio en su pasado y toda la felicidad que tuvo estan apoyados sobre un cuento, sobre una mentira, sobre algo que no existe. Toda su percepción acerca de la felicidad se derrumba en solo 2 minutos.
Y es sabido que por mas regalos que reciba en las proximas Navidades, ese chico no los va a disfrutar tanto, no los va a disfrutar como cuando estaba siendo usado y manipulado por una mentira, que al fin y al cabo lo hacia feliz.
Y aquella persona que le reveló la verdad dormirá tranquila, pensando que le abrió los ojos a una criatura, pensando que hizo el bien. Y no sabe que el niño nunca mas le va a poner ese entusiasmo a una Navidad en su vida, nunca mas se va a alegrar asi.
A veces la gente le miente a otras personas para sentirse bien cuando les dicen la verdad, porque piensan que le hicieron un favor, porque necesitan esa sensacion de bienestar. Pero al parecer no se preguntan que culpa tiene el pobre chico que no le hizo nada a nadie.
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